miércoles, 2 de mayo de 2018

MANIFIESTO

El modelo civilizatorio dominante ha llevado al mundo a una situación de extrema inequidad social, destrucción ambiental y alienación existencial.
El materialismo exacerbado en la modernidad, profundizado durante las últimas siete décadas por un concepto de “desarrollo” exclusivamente centrado en el crecimiento económico y llevado a su máxima expresión mediante el capitalismo informático global, han provocado una injusta distribución de los recursos de la Tierra, según la cual el 20 % de mayor ingreso dispone de más del 85 % de aquellos, superando unas pocas decenas de fortunas personales los recursos combinados de más de la mitad de la humanidad, todo ello a costa de una destrucción ambiental sin precedentes en la Historia conocida.

La situación es gravísima: la destrucción continúa aceleradamente y las bases naturales que permiten la existencia de la vida en el Planeta están siendo destruidas a ritmos nunca registrados hasta el momento.
El cambio climático es ya un hecho irreversible y se acelera produciendo desastres naturales cada vez más extremos y frecuentes, pico del petróleo y crisis energética, derretimiento de glaciares, hielos continentales antárticos, árticos y permafrost, elevación del nivel del mar, con anegamiento y salinización de tierras costeras e insulares, agotamiento de recursos de todo tipo, riesgos nucleares, deforestación y deterioro del suelo, creciente generación de residuos, contaminación de aire, agotamiento de acuíferos, problemas de alimentos tierra y agua, colapso de los océanos exhibiendo cada vez mayores “islas de basura”,
En ese contexto la producción de alimentos se ve amenazada tanto por el agotamiento de hidrocarburos como por el Cambio Climático, al tiempo que renacen antiguas enfermedades infecciosas que se creían superadas, mientras que la población mundial, hoy de 7600 millones de personas no deja de crecer tendiendo a superar en pocas décadas los 9000 millones
La tierra se vuelve estéril, las plantas pierden su capacidad regenerativa, los procesos de polinización son destruidos, los animales se extinguen a ritmos alarmantes, y la trama misma de la Vida está amenazada, al punto que 15000 científicos de todo el mundo anunciaron en Octubre de 2017 que nos acercamos velozmente al borde del abismo de la Sexta Extinción Masiva de especies en la Tierra, que podría involucrar la extinción misma de la especie humana.

Este sistema actual de producción y consumo se muestra claramente insostenible, consumiendo actualmente los recursos de 1,7 planetas, con un riesgo cada vez más alto de colapso sistémico, como ya lo advertía hace mas de 40 años el estudio “Los límites del crecimiento”, cuyas predicciones se están confirmando.
Esta “huella ecológica” ya hoy un 70 % mayor a la capacidad regenerativa del planeta sigue creciendo y lo hace en desigualdad: mientras algunas naciones disponen de una huella per cápita de más de 15 hectáreas por habitante, en otros es inferior a media.

En Argentina y nuestra región latinoamericana, la situación es extremadamente grave. A los efectos devastadores del cambio climático (sequías, inundaciones, incendios forestales, olas de calor, desertificación, etc) se agregan los problemas derivados de un mal desarrollo que incluyen a la megaminería, el sistema agropecuario basado en agrotóxicos y su conversión casi total al monocultivo sojero, el auge del fracking, la pesca ultraextractivista, la construcción de nuevas represas y centrales nucleares y la presión del sector productivo e inmobiliario sobre ecosistemas valiosos, entre otros despropósitos.

Los pueblos del mundo son oprimidos no solo por la crisis ecosistémica, la pobreza extrema y el hambre endémico que afecta a casi 1000 millones de humanos, el trabajo esclavo e infantil y el creciente número de personas consideradas inservibles tanto como consumidores como productores, sino por un estilo de vida impuesto desde determinadas lógicas e intereses que obran deshumanizando la vida, invadiendo poco a poco todos los espacios con su maquinización, informatización y bancarización extremas, haciendo que la vida humana se torne enajenante e inviable no sólo ambiental y socialmente, sino desde todo punto de vista axiológico, valórico o cultural.
A este desolador panorama debe agregarse el fantasma de una guerra termonuclear de devastación total, cerniéndose como la espada de Damocles sobre las cabezas de una ya muy afligida humanidad.

Ante este panorama crítico, podría decirse desesperante, aún la mayoría de las personas permanece ajena, desinformada, a la par que un número creciente de seres humanos y organizaciones toman conciencia pero se ven desorientadas en cuanto a la manera de actuar para revertir la situación, sintiéndose impotentes para cambiar sus conductas de consumo.
Es que efectivamente el corazón del sistema es el materialismo expresado como consumismo. Si bien siempre necesitaremos de bienes materiales, urge comprender que la crisis no se revierte con medidas pragmáticas y técnicas solamente, sino que es indispensable reducir la cantidad global de lo que se consume.

Las acciones ambientales que llevan adelante los gobiernos son insuficientes y parciales. Incluso siguen profundizando el modelo extractivo y consumista, con lo cual las pocas acciones positivas que se intentan, entran en conflicto y terminan devoradas por el sistema. 
El sector privado en general, cada vez más concentrado en grandes corporaciones transnacionales, sigue en su afán irrefrenable de lucro, negando o importándole muy poco las consecuencias sociales y ambientales. Y sigue respondiendo a la demanda de sectores turboconsumidores que no está dispuesta a bajar sus niveles de consumo.
Las organizaciones de la sociedad civil, si bien más conscientes del problema no pueden articular acciones que tengan un impacto significativo en esta dinámica que pareciera infrenable.

Ante esta realidad, los oscuros escenarios que se vienen, y la ineficacia demostrada de las acciones actuales, organizaciones y ciudadanos manifestamos:

1)    Que la grave situación actual del mundo y de nuestra región es un problema SISTEMICO. No son problemas aislados, sino diferentes manifestaciones de un problema de fondo: el materialismo y la insostenibilidad del sistema vigente. No podemos continuar con un sistema que destruye las bases biofísicas que sostienen la vida, y que además es absolutamente inequitativo, favoreciendo a unos pocos en detrimento del resto y de la naturaleza.

2)    Que la mayoría de las acciones pragmáticas y técnicas que se llevan adelante desde diferentes sectores no alcanzan ni alcanzarán para detener el proceso de destrucción, debido a un desequilibrio manifiesto de fuerzas, y sobre todo porque se aplican sobre los síntomas y no sobre la causa principal. Las falsas soluciones del “desarrollo sostenible”, de la “economía verde”, y las propuestas meramente tecnológicas como las energías renovables no sirven por si solas, porque no cuestionan al sistema, más bien lo maquillan y lo perpetúan.

3)    Que es necesario un cambio sistémico, profundo y rápido del sistema (económico, político, social, cultural, etc), si queremos evitar los peores escenarios, que sin duda sufrirán las próximas generaciones, ya sin margen de maniobra. Que para este cambio extremadamente complejo, es necesario un cambio radical de los valores que guían la acción humana, para poder establecer un nuevo sistema que sea sostenible social y ambientalmente, y que intente remediar el daño ya realizado a nuestra Madre Tierra.

4)    Que sólo los pueblos del mundo en su diversidad, las sociedades civiles en su múltiples expresiones será capaz, desde las nuevas racionalidades sin fin de lucro, encarnar esos nuevos valores para impulsar el cambio necesario, en la medida en que se logre organización local, regional y planetaria, incluyendo la inducción del cambio del rol de los estados, y que dicha organización esté sustentada en nuevos valores y formas de organización no caracterizadas por el conflicto y la lucra sectorial, sino orientadas por espíritus y metodologías consultivas de Unidad en Diversidad.
Con todo esto en mente, y sabiendo que el conocimiento, el compartir y la unidad entre los pueblos del mundo son poderosas armas en contra de esta severa amenaza y que una educación no formal capaz de convertirse inmediatamente en acción colectiva, orgánica y transformadora, nos proponemos a crear MESAS: “Movimiento para la Equidad Social y Ambiental Sistémico”.

Inspirado en enfoques como el decrecimiento con equidad, la filosofia de la Vida como valor universal compartido, el Desarrollo a Escala Humana, la economia sin fin de lucro, circular y de proximidad y una nueva modalidad de participación basada en la búsqueda de la unidad en la diversidad, nos proponemos integrar todas las alternativas existentes en un vasto Movimiento que estará orientado al desarrollo, puesta en práctica, consolidación e integración a escalas cada vez mayores de las siguientes estrategias:

1)    Promover los valores y lenguajes favorables a la vida y la equidad social y ambiental.

2)    Promover la reducción global del consumo y de la huella ecológica mediante un decrecimiento con equidad social y ambiental.

3)    Investigar, diseñar y promover la implementación de un nuevo sistema que contemple nuevos modelos institucionales (políticos, económicos, educativos, organizativos, etc).

4)    Conocer, fortalecer, interconectar y ampliar la escala de las organizaciones, grupos, proyectos y  experiencias que cuestionan la lógica dominante y sean fundadoras del nuevo sistema, tanto a nivel local, regional y global, para poder influir en los sectores de poder, y concientizar e involucrar a la mayoría de la población.

En Buenos Aires, a los 28 días de Abril de 2018


Equipo Coordinador:

Comunidad Bahá'í de Buenos Aires
Fundación UNIDA
ECORED
ITEKA ECO ALDEA